El autor pretender encontrar un concepto de verdad, planteando que la verdad se origina en el saber para comprender, es decir, debemos primero conocer el objeto para poder conceptualizarlo y de ese modo comprenderlo mediante las representaciones lógicas de dichos objetos.
Menuda cuestión, toda vez que la verdad la funda en al argumentación mediante una acción comunicativa (Habermas) dentro de una comunidad real y otra ideal, al interior todos las personas –que se encuentran dotadas de comunicación lingüística, podrán participar en la discusión, encontrando en ello el verdadero fundamento de la verdad.
Es decir una verdad consensuada al interior de una comunidad determinada, pero simple y sencillamente esa argumentación no se encuentra de una forma sencilla.
Apel menciona: Saber es un modo de formarse para comprender.
Formula el autor (Apel) la teoría consensual de la verdad, mediante la teoría fenomenológica de la correspondencia, más exactamente una teoría de la evidencia de correspondencia, es decir una verdad que al interior de la comunidad ya sea real o ideal, todos los integrantes deberán llegar a una conclusión que sea acorde con los propios fines e intereses de esos sujeto que conforman la comunidad.
El autor menciona que Apel mantiene que el procedimiento de comprobación es la contradicción performativa y que su aplicación conduce a una fundamentación filosófica última, en la medida en que los presupuestos pragmáticos trascendentales de la argumentación son irrebasables, aunque autocorregibles.
En cuanto a la hermenéutica de Apel, por el contrario, opta, por una línea critica que sitúa en el centro de la reflexión la pregunta clave de las filosofía kantiana: la pregunta pro las condiciones de posibilidad de la validez del conocimiento, que es en definitiva la pregunta por el criterio de validez y por la fundamentación del conocimiento. Criterio y fundamento que, como es obvio, constituyen las claves de cualquier argumento con sentido.
En cuanto hace a la Responsabilidad menciona el autor: Todos los seres capaces de comunicación lingüística deben ser reconocidos como personas, puesto que en todas sus acciones y expresiones son interlocutores virtuales, y la justificación ilimitada del pensamiento no puede renunciar a ningún interlocutor y a ninguna de sus aportaciones a la discusión.
Por lo que todo integrante de esa comunidad real o ideal, debe tomar conciencia de los limites que se han fijado multilateralmente, por lo que cada uno será responsable de sus actos y responderá ante los demás por ellos, en relación directa de lo que la comunidad haya fijado como limites.
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